Agradecer

Agradecer

En los tiempos que corren, individualistas, honrar es tan raro como novedoso

Ilustración by Tommy Parker

Retomo la costumbre de escribir en el blog porque me parece saludable. Después de casi un año sin hacerlo, me apetece volver a coger la costumbre. Aunque solo sea por el arte de agradecer. Y lo hago hoy porque cualquier día es bueno y porque es el cumpleaños de mi padre. Precisamente él es una de las personas a las que más le tengo que agradecer. Dice el refranero que “es de bien nacidos el ser agradecidos”. Pues eso.

Estoy de acuerdo con aquellas personas que piensan que nuestra gran revolución pasa por estar agradecidos del presente. Es la base de la vida. Tan cierto como que cada peligro se reduce a la mínima expresión si estás agradecido por algo. También dicen las buenas lenguas, que cuando ofrecemos algo, lo ideal sería hacerlo de forma silenciosa. Sin darse importancia. Así el ego no sea protagonista. Porque si la humildad es el camino, «no hay humildad anunciada”, apunta el escritor Enrique Frías.

«Ser agradecido es ser puntual. Considerar que el tiempo de los demás es igual al mío. Se trata de respeto. Date cuenta de que recibes mucho más de lo que necesitas y que haces menos de lo que puedes”, comenta Roberto Canessa. Hablamos de un superviviente al accidente aéreo de los Andes, tras dos meses sobreviviendo sin ropa ni comida a 30º grados bajo cero.

Vidal, Fesser, Carbonell, Amela, Ibarrondo y Robin

Por no hablar del discurso, en los recientes Premios Goya, del actor Jesús Vidal. Fueron casi cinco minutos de speech, que en otra circunstancia podrían haber supuesto una eternidad. Y no porque su condición fue una excepción. El impacto vino, como dijo Javier Fesser, por “usar menos la cabeza y más el corazón”. La película Campeones ha ampliado nuestras miradas y el lenguaje, porque ya sabemos que a las personas con alguna discapacidad intelectual también las podemos reconocer como personas con capacidades diferentes.

Porque una cosa es que seamos únicos, diferentes y otra, bien distinta, es que esa diferencia no separe, ya sea por cultura, educación, economía, físico… Lo que nos hace humanos es la cercanía, el mirarnos a los ojos con respecto y empatía. Y, por ello, me ha llamado la atención una frase en La Contra de La Vanguardia de Ona Carbonell, campeona de natación artística sincronizada. La entrevista corre a cargo de Víctor M. Amela. “Agradezco la máxima exigencia dentro de la piscina, pero también calidez y cariño fuera, y eso último me ha faltado a veces», subraya Ona. 

Y es que sentirse querido nos llena de confianza. El psicólogo Imanol Ibarrondo lo concreta: “El deseo más profundo de un deportista es sentirse valorado, muy por encima de las victorias y medallas”. ¿Eso lo resuelve subir fotos a Instagram? No sé si el deseo más profundo es sentirse querido por tu perro, pero desde hace casi dos semanas que he recuperado esa sensación, al adoptar un teckel, y la sensación es maravillosa. Más, en el caso de Robin, porque creemos que fue maltratado durante su primer año de vida (lo encontraron atado en una finca de cazadores). Quizá por ello o no, es precavido y agradecido.

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