Medita solo 20 minutos y opina

Medita solo 20 minutos y opina

Hay quien medita en un retiro 3 meses, otros 10 días… Si sientes que tu vida se descontrola, prueba a sentir tu cuerpo dejando que los pensamientos fluyan durante 20 minutos. Una vez hecho, imagina, si lo hicieras a menudo, el cambio que supondría.

¡Biiiip! El ruido de un wasap capta mi atención a las 8:17 de un día cualquiera del pasado julio. Cojo el aparato y leo: “¿Ya estás haciendo la postura del sol?”. “Jajaja. Qué jodío, está en todo”, pienso del amigo Manu. Y, al cabo de unos minutos, cuando el café ha surtido efecto, caigo en que su padre hace yoga a menudo. Esta disciplina milenaria, nacida en La India, es una práctica que se está expandiendo a tanta velocidad que ya hemos asimilado como normal ver en el gimnasio, en la playa y en el parque a alguien inmerso en la dúctil postura del arado (para que el que no lo sepa es harto complicada). Tan curiosas son las asanas, que de no estar de moda, serían blanco del humor tanto en la calle como en twitter.
 
Mi descubrimiento de esta sana práctica fue un regalo. Hace cinco años atrás, cuando vivía en Barcelona, seguí el camino iluminado por Mónica y Sergio. Entre sesiones comprobé que, no solo cedía algo mi inquebrantable flexibilidad, sino que la cabeza me daba menos vueltas que de costumbre, así que me picó la curiosidad y la motivación fue en aumento. Desde entonces, me acompaña. Pero claro, no es como ser constante nadando, se trata de una práctica milenaria que te confronta contra tus límites: los que hay desde que intentas tocarte los pies con las manos con las piernas rectas, los que hay cuando intentas hacer la postura del perro boca abajo y mantener una respiración consciente… Y los mentales. Es habitual hacer solo ejercicio físico, en vez de la actividad en toda su esencia. Con el tiempo te vas dando cuenta de tus fallos, dejas de fijarte en que tus compañeros tienen más facilidad… Se te quitan las tonterías, vamos. Porque no se trata de ir a las Olimpiadas ni de ganar a nadie, se trata de estar contigo y evolucionar con esa actitud. 
 
Un día, tras una clase, mi compañero Toni me convenció con el siguiente razonamiento: “No se trata de ser el más flexible, de forzar las posturas, la cuestión es ser consciente de tu cuerpo, que sientas cada movimiento, que tengas el foco en ti”. El mensaje es impactante cuando acabas de pegarte una hora estirándote como un playmobil. Además, este señor es uno de los muestran mayor flexibilidad del grupo. No es fácil porque somos tres hombres (por veinte mujeres), siendo su elasticidad sobresaliente. Recuerdo a una maestra decirme que “una de las cosas más desesperantes es que los resultados físicos, evidentes, son lentos de percibir”. Doblando el tronco, hacia abajo, aún no toco el suelo aunque tengo la sensación de que ya queda menos. Donde sí que celebro los pasos que he dado ha sido en la concentración, en estar presente, y no solo me ha ayudado ejerciendo de yogui.
 
No sé si como decía Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son”. Apenas conozco algo de este enigmático mundo. Solo sé que, muchas mañanas, me despierto con la mente nublada. De ahí que, desde hace un tiempo, cuando sonaba el despertador a las 7:00, empecé a experimentar: gimnasio, nadar, yoga… Después de dos años alternándolas, he comprobado que lo que mejor que me sienta es hacer yoga (combina mente y cuerpo). Es una forma de despertar activamente. Ahora bien, un día que madrugué decidí, poner en práctica la audio-meditación que me había pasado un amigo. Y cambió algo en mí. Ese día mi desayuno no se basó en repasar la actualidad de wasap y twitter. Estuve sentado comiendo. Sin más. Estamos tan condicionados por vivir deprisa e influenciados por las nuevas tecnologías que no son pocos los que se han hecho fieles de las dietas hipo-informativas.

 

 
Volviendo al tema que hoy nos ocupa: meditar. Las excelencias del yoga las retomaré en un post más adelante. Estar haciendo una cosa con los 5 sentidos es un éxito, hoy. O al menos me lo parece a mí. Pues meditar ayuda a eso. Te entrena a guardar calma, a estar en paz en silencio. Recuerdo a una compañera en un curso que impartí hace unos meses sobre PNL. Haciendo un ejercicio consistente en mirar atentamente a los ojos de otra persona, frente a frente, y cerrarlos cuando le invadiera un pensamiento, me dijo: “Eso de evadirse de los pensamientos es imposible”. El actor Ernesto Alterio abordó este tema, recientemente en una entrevista a Culturamás: “¿Cómo consigo no pensar en nada? No lo sé, pero lo hago. Respirando. Trato de conectarme con la energía de arriba, de abajo, del centro y a tirar”. Si los raquetazos de Novak Djokovic son más precisos y constantes es, en parte, porque se ha acostumbrado a encontrar la paz interior en un Templo de Bangkok, según as. Y como esos casos, muchos. Solo hay que mirar a nuestro alrededor. Cerca de Alicante, donde resido, se vio a Rodrigo Rato intentando encontrar el perdón a la culpa, en un templo en Pedreguer. Cuentan que la sigue buscando. Liberarse de comeduras de tarro, de los errores pasados, y estar en el presente siempre ha sido la gran habilidad de Rafa Nadal, por encima de la potencia de su zurda. 
 
La joven artista Selena Gómez ha confesado a los medios de comunicación que se tomó un break en agostó de 2016 por sufrir la enfermedad de Lupus: “Me fui 90 días a un retorno a meditar y fue lo mejor que pude haber hecho. No tenía teléfono, nada, y tenía miedo. Pero fue increíble y aprendí mucho”. Precisamente mi amigo Luis acaba de llegar de hacer un retiro de 10 días en la Sierra de Gredos. Me acuerdo que, hace meses, me soltó: “Men, he dejado de ir a yoga por un tiempo porque iba todos los días de la semana y salía peor de lo que entraba. ¡No era capaz de centrarme!”. Ir no significa estar. Que me lo digan a mí, que, en la época del instituto, me pasaba horas en mi habitación mirando los libros y pensando en las musarañas. Pues bien, volviendo a Luis y su reciente aventura. Me cuenta que cuando entró en la finca le requisaron el móvil y no se lo dieron hasta que se despidieron. La rutina era levantarse a las 4:30 y practicar meditación Vipassana hasta las 21:30 de la noche. Eso sí, con parones de cada dos o tres horas para comer algo. Así 10 días. “Ha habido momento duros pero me siento bien. Antes, dejaba la mente en blanco y ahora intento hacerme consciente de las sensaciones corporales. No creer que soy mis pensamientos (que si por qué venimos a este mundo, que si luego tengo que comprar huevos…). Porque de creeerlo la cabeza iría a 2.000 por hora. Por eso, me he dedicado a mí este tiempo”. 
 
Mi método actual no es tan madrugador y sí, más breve y en compañía. Me levanto a las 7:00 y le doy al play para escuchar un audio de 20 minutos guiado por la voz de Joe Dispenza. Esta dinámica la repito bastantes mañanas. La grabación del neurocientífico norteamericano te enseña a sentir el cuerpo, a ser consciente de los errores del pasado y a vivir el presente dirigiéndote hacia el futuro. La persona que me lo pasó fue directa: “Sin límites. Déjate llevar”. Lo cierto es que si hacemos la prueba y visualizamos el día como nos gustaría disfrutarlo la cabeza va hacia ello. Que es lo mismo, pero al revés, cuando nos situamos en lo peor. ¿Suena?
  
Cuando el día llega a su fin y nos queremos ir a dormir utilizo dos formas para calmar la mente y el cuerpo. Se trata de una revisión del día: si estoy muy descentrado escucho, de nuevo, el discurso evocador de Dispenza; si ando mejor cambio el paso. Me sitúo a pies de la cama reviviendo (estando en casa o centrado) los momentos de estrés que he pasado durante la jornada para dotarles de un significado positivo y acostarme en paz. Meditar no es aislarte, es unirte… Si llego a descubrir estas rutinas a los 15… 
 
Para último quiero acordarme de una persona. De un maestro. Porque pese a mantener pocas charlas con él, éstas resultaron muy productivas, sobre todo, por la sabiduría que desprendían sus palabras. Todo se generaba en la barra del restaurante L’Indret de Alicante, donde Toni y él eran los dueños. Digo eran porque leo que han cerrado. Y es que Fernando murió hace unos meses. Antes de que esto ocurriera, yo iba a comprar comida para llevar allí y, en ese impás de 10 minutos, solía mantener agradables charlas con ellos. Eran muy agradecidos. Toni aportaba un tono jocoso y Fernando, más reservado y fiel practicante de Bhakti Yoga, profundizaba. Como aquel día, que le vi darle un toque de atención a una empleada por algo relacionado con mi pedido, a lo que salí al paso con un “no pasa nada” y él me miró con precisión, tragó y pronunció una frase pequeña (que suelo tener presente): “El amor está en los detalles”.
 
Ejercicio para «Estar en casa”.
 
“Estando en casa o centrado es vivir fácil. Las situaciones duras las manejarás de otra forma. No seas leal a tus pensamientos, sino a tu vida”. By Allan Santos.

Facilitaría el asunto hacerlo con alguien pero supongamos que estáis tú y tu sombra. Te pones de pie y vas a colocarte frente a un espejo de la casa en la que te sientas cómoda. Inspira, espira y di lo siguiente en alto: “Te veo, tú existes, eres única, eres especial, eres importante”. No estarás mintiéndote porque «eres única» (¿quién hay igual a ti?). Si lo haces, de forma consciente (sin escupir palabras, sino sintiéndolas), experimentarás una sensación agradable a lo largo de la franja que va desde el pecho al vientre. Cuando te resuene, sitúa la mano en el corazón y di: “Eres bienvenida”. Así estarás centrada en el presente sin que los pensamientos se queden dando vueltas en espiral. Pues bien, después de esto, revive el día con la sensación de «estar en casa”. ¿Sintiéndote así de bien te comes el tarro? 

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