Perdón

Perdón

El día que hicimos las paces un amigo y yo, otro propuso dialogar de la indulgencia

By jeremyville.myshopify.com

El 6 de enero hubo magia. Lo normal es que hubiera sido cosa de Baltasar, Melchor o Gaspar. Pero 2019 no. Los Reyes Majos fueron Sergio y Kike. Con el primero tuvo pesadillas por unos comentarios que me sentaron mal la noche anterior. Es una amistad que estaba viciada, como muchas otras, producto de los roles que adoptamos unos y otros. La nuestra dura 18 años.

Pues bien, hasta ese día no me había atrevido a confesarle que me molestaban alguna de sus caídas, que siempre me habían escocido. Lo llamé y se lo dije. Y actúo muy bien. Le supo mal que lo hubiera pasado mal por eso. Me comentó que lo hacía por la confianza que tiene conmigo. Que lo hace con otros amigos. Que lo sentía y me pidió perdón. Eso nos llevó a hablar de nuestra relación, a decir que podíamos ser más cariñosos el uno con el otro. Es cierto que nos vemos poco, porque vivimos en ciudades diferentes, pero desde entonces noto que conectamos más. Nos hemos quitado alguna careta. Y me apetece quedar más con él.

Aquello ocurrió a las 11:00. Por teléfono. A las 14:00, caminando solo por la calle, veo que me ha llegado a una notificación de un audio de Kike. Lo escucho y me dice en modo reflexivo algo así: «Oye, he estado pensando y se me ha ocurrido un buen tema para el debate de Librepensantes: El perdón. Porque, ¿cuáles son los límites del daño? ¿Se puede perdonar todo?». Me pareció maravillosa su propuesta. Y, sobre todo, ¡qué coincidencia! Tras casi dos décadas de amistad vivo un momento de perdón con un amigo y otro me da la pista de hablar de ello en los diálogos que hacemos todas las semanas en Alicante. Como dice José Mota, no te digo que los superes, iguálalo.

San Valentín, Librepensantes y Reyes

El caso es que el pasado jueves, 14 de febrero, Día de San Valentín (por si algún agraciado no lo sabe aún), nuestra forma de amar fue hablar del perdón. Conscientemente no se planificó, desde luego. El sorteo fue caprichoso. Y la charla también. Porque fue una de esas tardes-noches, particularmente, atractivas para mí: por el asunto, por la intimidad (9 participantes) y por lo que se coció en el bar Mil historias y un café.

Dice la amiga Reyes: «Al final el perdón es hacia uno. Por mucho que te hayan hecho daño, al final las cosas pasan pero el daño lo llevas tú». Coincidiendo con ella, le pregunté: ¿De qué sirve no acabar de perdonar? «A veces, las motivaciones del otro pueden ser tóxicas y puedes comprender pero no aceptar. Cuando esto ocurre no tienes aún la capacidad de comprensión ni la personalidad desarrollada». El psicólogo Worthington cree que “hay dos tipos de perdón: el racional, decidir perdonar, que no requiere comprensión, y el emocional, que requiere comprender las motivaciones del otro y es el perdón que sana. Quizá los demás reflejan cosas que tenemos que sanar”.

En cuanto a mí, necesito reflexionar más la cuestión. Me da la nariz que perdonar es sinónimo de calidad de vida y que un nivel superior es considerar a cada ser vivo con empatía.

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